Ocurrió el 1 de mayo de 2010: la ruptura de una tubería de 3 metros de diámetro en Weston, Massachusetts, provocó una enorme fuga, estimada en 30 millones de litros de agua potable por hora, que dejó a 2 millones de habitantes del área metropolitana de Boston sin suministro del vital líquido (1).
Lo raro es que este tipo de desastres no ocurran con mayor frecuencia dado el precario estado en el que se encuentra la infraestructura de Estados Unidos.
En un informe publicado en 2009, la Asociación de Ingenieros Civiles de Estados Unidos (ASCE) da cuenta de la situación al otorgarle a la infraestructura una evaluación general de "pobre" (D). ASCE estima que es necesario invertir $2.2 billones (trillones, cuenta corta) de dólares durante los próximos 5 años para revertir esto, algo que se ve muy difícil debido a la crisis económica actual.
Y si bien Boston cuenta con un sistema de respaldo, el agua no es potable, por lo que los residentes de la ciudad tuvieron que salir a comprar agua embotellada.
El caos no se hizo esperar.
Así están las cosas hoy en Estados Unidos.
Este blog pretende ser una provocación para la reflexión. Y tú, ¿ya te diste cuenta de lo que está pasando?
viernes, 3 de septiembre de 2010
domingo, 22 de agosto de 2010
Crónica del colapso: Atlanta
Ocurrió el 11 de agosto de 2010: una multitud estimada en 30,000 personas se congregó afuera de un centro comercial en East Point, un suburbio al norte de Atlanta, con el fin de obtener una solicitud de vivienda pública (1).
Ron Mott, reportero de NBC, narra lo que encontró:
Conocido popularmente con Sección 8, el programa de Vales de Elección de Vivienda es un tipo de ayuda federal proporcionada por el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) que permite alquilar o comprar viviendas a individuos y familias con ingresos económicos muy bajos.
La tasa de desempleo oficial en el condado de Fulton, donde se ubica East Point, es de 10.8%. La tasa de desempleo real debe andar por encima del 20%.
Así están las cosas hoy en Estados Unidos.
Ron Mott, reportero de NBC, narra lo que encontró:
Lo primero que me pregunté cuando llegamos a este lugar fue si realmente estábamos en Estados Unidos. Tengo que ser muy cauteloso como reportero para no sobrepasar mis límites pero hoy fuimos testigos de un escena muy desagradable aquí en el área metropolitana de Atlanta. Docenas y docenas de personas desmayadas por el calor, parados en el calor sólo para obtener una solicitud de vivienda pública aquí en Atlanta. Esto no les garantiza un lugar para vivir. De hecho, se entregaron muchas solicitudes hoy, 13,000 solicitudes, y hay exactamente cero departamentos de interés social disponibles en East Point, Georgia. Muchas de estas personas nunca saldrán de la lista de espera.
Conocido popularmente con Sección 8, el programa de Vales de Elección de Vivienda es un tipo de ayuda federal proporcionada por el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) que permite alquilar o comprar viviendas a individuos y familias con ingresos económicos muy bajos.
La tasa de desempleo oficial en el condado de Fulton, donde se ubica East Point, es de 10.8%. La tasa de desempleo real debe andar por encima del 20%.
Así están las cosas hoy en Estados Unidos.
viernes, 20 de agosto de 2010
Depresión inflacionaria, ¿un callejón sin salida?
A primera vista Paul Craig Roberts no es precisamente alguien con quien yo pensaría estar de acuerdo: fue Secretario Adjunto del Tesoro durante el primer mandato de Ronald Reagan y se le atribuye ser uno de los arquitectos de la llamada Reaganomics, algo así como el plato que tuvieron que comer los estadounidenses cuando les aplicaron la receta neoliberal.
Roberts, sin embargo, ha sido crítico tanto con las administraciones demócratas, como de las republicanas. Ha escrito numerosos artículos oponiéndose a la invasión de Iraq y a principios de este año publicó How the Economy Was Lost: The War of the Worlds, un libro en el que analiza cómo la economía de estadounidense llegó a la situación actual.
El caso es que acabo de leer un texto suyo titulado "The US Economy Is On Death Row. Will there be a reprieve?" y me resultó muy interesante.
Roberts comienza afirmando que la crisis actual es inmune a las políticas monetaria y fiscal; nos enfrentamos a otra cosa:
Al llegar a esta parte no pude más que sonreír al recordar La tercera ola, el libro de Alvin Toffler que causó furor a principios de los años ochenta.
De este modo, volviendo al tema, mientras los directivos de las grandes empresas se enriquecían aplicando esta política económica, la nueva "economía de servicios" sólo creaba puestos de trabajo mal remunerados que poco a poco fueron erosionando la calidad de vida de la mayoría de los estadounidenses. En poco tiempo Estados Unidos tuvo la peor distribución del ingreso entre los países desarrollados (1).
La única forma de mantener la economía funcionando en este escenario fue expandir la deuda del consumidor: Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, mantuvo una política de bajas tasas de interés que provocó una burbuja inmobiliaria y permitió que los estadounidenses (y europeos) hipotecaran sus casas y utilizaran el dinero obtenido en el consumo… hasta que la burbuja reventó:
En resumen, la política de bajas tasas de interés de la Reserva Federal sólo benefició al sector financiero y prácticamente colapsó el poder de compra del resto de los estadounidenses.
Por otro lado, el déficit comercial provocado debe financiarse mediante la emisión de deuda pero, tras años de déficit continuo y una deuda creciente, el papel del dólar como moneda de reserva comienza a deteriorarse.
Roberts analiza la forma en que los economistas han enfrentado las crisis económicas y el desempleo en el pasado y llega a la conclusión de que estamos ante un escenario inédito:
La única salida que encuentra Roberts a este galimatías económico es enfocarse en salvar al dólar reduciendo los déficits presupuestario y comercial.
Para reducir el déficit presupuestario, Roberts sugiere terminar con todas las guerras hegemónicas que Estados Unidos pelea a nivel global (Iraq, Afganistán y Yemen, entre otras), así como eliminar las más de 700 bases militares que el país mantiene fuera de su territorio (2).
El déficit comercial sólo podría reducirse regresando los puestos de trabajo a Estados Unidos, algo que se ve bastante difícil cuando observamos insistentemente la afirmación de que la fiesta puede continuar.
Roberts piensa que la situación podría empeorar y, para ilustrar lo que podría ocurrir si no se toman medidas, utiliza el ejemplo de Detroit, donde el Alcalde pretende reducir las dimensiones de la ciudad demoliendo 10,000 casas en los suburbios ante la imposibilidad de continuar brindándoles servicios.
La reflexión final de Roberts es demoledora:
Francamente pienso que ya no hay modo de evitarlo.
Roberts, sin embargo, ha sido crítico tanto con las administraciones demócratas, como de las republicanas. Ha escrito numerosos artículos oponiéndose a la invasión de Iraq y a principios de este año publicó How the Economy Was Lost: The War of the Worlds, un libro en el que analiza cómo la economía de estadounidense llegó a la situación actual.
El caso es que acabo de leer un texto suyo titulado "The US Economy Is On Death Row. Will there be a reprieve?" y me resultó muy interesante.
Roberts comienza afirmando que la crisis actual es inmune a las políticas monetaria y fiscal; nos enfrentamos a otra cosa:
El problema económico estructural comenzó en 1990 con el colapso de la Unión Soviética. Este fallo causó la muerte del socialismo en la India y en China, dos países con enorme exceso de mano de obra. Los directivos de las empresas en Estados Unidos (y en Europa) descubrieron que ellos podían aumentar de forma dramática las ganancias de sus corporaciones, y los bonos que obtenían por resultados, llevándose los empleos de alto valor agregado y alta productividad a países con mano de obra barata.De acuerdo a Roberts, el traslado de la planta productiva no se hizo buscando una ventaja comparativa, tal como había sido postulado por David Ricardo a principios del siglo XIX, sino una ventaja absoluta, lo cuál es la antítesis del libre comercio.
[L]os economistas proclamaron el remplazo de la economía real con una "economía de servicios". Estados Unidos haría toda la innovación, independiente de cualquier base industrial, manufacturera o ingenieril. Esas absurdas afirmaciones persistieron aun después de que muchas corporaciones anunciaron la reubicación de su investigación y desarrollo en otros países.
Al llegar a esta parte no pude más que sonreír al recordar La tercera ola, el libro de Alvin Toffler que causó furor a principios de los años ochenta.
De este modo, volviendo al tema, mientras los directivos de las grandes empresas se enriquecían aplicando esta política económica, la nueva "economía de servicios" sólo creaba puestos de trabajo mal remunerados que poco a poco fueron erosionando la calidad de vida de la mayoría de los estadounidenses. En poco tiempo Estados Unidos tuvo la peor distribución del ingreso entre los países desarrollados (1).
La única forma de mantener la economía funcionando en este escenario fue expandir la deuda del consumidor: Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, mantuvo una política de bajas tasas de interés que provocó una burbuja inmobiliaria y permitió que los estadounidenses (y europeos) hipotecaran sus casas y utilizaran el dinero obtenido en el consumo… hasta que la burbuja reventó:
La expansión de la deuda del consumidor, como una alternativa al crecimiento de los ingresos del consumidor, ha llegado a su fin. La mayoría de los estadounidenses están sobreendeudados. Las quiebras y la pérdida de empleos ponen en peligro la deuda del consumidor. Los efectos secundarios están socavando los bienes raíces comerciales. Los centros comerciales se están quedando medio vacíos y algunos se están cerrando por completo. Incluso los grandes centros comerciales tienen tiendas cerradas y no encuentran nuevos inquilinos. Una crisis en los bienes raíces comerciales está a punto de revelarse.(Sobre esto último escribí una nota titulada La burbuja inmobiliaria comercial en este blog hace unos meses.)
En resumen, la política de bajas tasas de interés de la Reserva Federal sólo benefició al sector financiero y prácticamente colapsó el poder de compra del resto de los estadounidenses.
Por otro lado, el déficit comercial provocado debe financiarse mediante la emisión de deuda pero, tras años de déficit continuo y una deuda creciente, el papel del dólar como moneda de reserva comienza a deteriorarse.
Roberts analiza la forma en que los economistas han enfrentado las crisis económicas y el desempleo en el pasado y llega a la conclusión de que estamos ante un escenario inédito:
Para financiar el déficit presupuestario, el gobierno de Estados Unidos tendrá que imprimir dinero. Como los puestos de trabajo han sido exportados, el empleo y la producción no podrán responder a la mayor demanda monetaria resultante de la creación de dinero. El resultado […] será un aumento de precios que la mano de obra desempleada (actualmente por encima del 20% si la medimos utilizando la metodología gubernamental de 1980) no será capaz de pagar.
En otras palabras, Estados Unidos enfrenta la perspectiva de una depresión inflacionaria.
La política económica no tiene una solución para una depresión inflacionaria o para el desempleo causado por la emigración de los puestos de trabajo. Las políticas empleadas para combatir la inflación son opuestas a las utilizadas para combatir el desempleo. De modo que, no hay una solución conocida para este dilema económico […]
Una vez que el dólar pierda su papel como moneda de reserva y Estados Unidos no pueda pagar sus cuentas en su propia moneda, se convertirá, bajo el peso de su deuda, en un país del tercer mundo.
La única salida que encuentra Roberts a este galimatías económico es enfocarse en salvar al dólar reduciendo los déficits presupuestario y comercial.
Para reducir el déficit presupuestario, Roberts sugiere terminar con todas las guerras hegemónicas que Estados Unidos pelea a nivel global (Iraq, Afganistán y Yemen, entre otras), así como eliminar las más de 700 bases militares que el país mantiene fuera de su territorio (2).
El déficit comercial sólo podría reducirse regresando los puestos de trabajo a Estados Unidos, algo que se ve bastante difícil cuando observamos insistentemente la afirmación de que la fiesta puede continuar.
Roberts piensa que la situación podría empeorar y, para ilustrar lo que podría ocurrir si no se toman medidas, utiliza el ejemplo de Detroit, donde el Alcalde pretende reducir las dimensiones de la ciudad demoliendo 10,000 casas en los suburbios ante la imposibilidad de continuar brindándoles servicios.
La reflexión final de Roberts es demoledora:
El siglo XX fue el siglo de Estados Unidos. El siglo XXI se está configurando como el siglo del colapso de Estados Unidos.
Los estadounidenses en su arrogancia, se piensan como "la nación indispensable". Pero el éxito de Estados Unidos en el siglo XX se debió a los errores de otros países. Europa se destruyó a sí misma en dos guerras mundiales. El comunismo y el socialismo previnieron que el Imperio Soviético y Asia fueran económicamente competitivos. Estados Unidos emergió de la Segunda Guerra Mundial como la única economía intacta […]
Las condiciones históricas que elevaron a Estados Unidos ya no existen. En la era posguerra fría, Estados Unidos ha probado ser tan incompetente como aquellos países cuyas estupideces elevaron a este país a la supremacía.
Hoy prevalece en Estados Unidos la propaganda a favor de los intereses creados y no el análisis veraz. Si Estados Unidos va a evitar el basurero de la Historia las tendencias económicas que están destruyendo al país deben ser reconocidas e invertidas.
Francamente pienso que ya no hay modo de evitarlo.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Estados Unidos está en bancarrota
Bloomberg publicó ayer un artículo de Laurence Kotlikoff, un profesor de Economía de la Universidad de Boston, con un título provocador: “Estados Unidos está en bancarrota y nosotros ni siquiera lo sabemos”.
Laurence Kotlikoff no es ningún improvisado. En 2004 publicó The Coming Generational Storm: What You Need to Know about America's Economic Future, un libro en el que afirmaba que el futuro de Estados Unidos sería sombrío si no se realizaban reformas a los sistemas impositivo, de salud y de seguridad social. (Un video con la presentación del libro se muestra al final de este texto.)
Yo no conocía a Kotlikoff y me llamó la atención que llegara a las mismas conclusiones que John Williams, el fundador de Shadow Government Statistics.
El artículo comienza analizando la revisión anual que el Fondo Monetario Internacional (FMI) hace de la política económica de Estados Unidos:
Para cerrar la brecha fiscal, desde el punto de vista de los ingresos, Estados Unidos debería duplicar los impuestos recaudados de manera inmediata. El FMI afirma que, entre más tarde el país en realizar estos ajustes, más dolorosos serán.
Según Kotlikoff, la deuda es enorme, mucho mayor de lo aceptado:
Kotlikoff ve el origen del enorme déficit en los beneficios de los baby boomers:
El artículo cierra con una sentencia lapidaria:
Además del artículo, Bloomberg publica el video de una entrevista que Erik Schatzker, del programa InsideTrack, le hace a Kotlikoff.
Actualización (13/8/2010): Hoy leo una nota de Joe Weisenthal en Business Insider criticando a Kotlikoff mediante un ingenuo argumento esgrimido por Paul Krugman: “Las entidades en quiebra no pueden pedir dinero prestado con una tasa de interés fija por debajo de 2.8% durante 10 años”. La lluvia de comentarios no se hizo esperar: “Sí, siempre y cuando el deudor no se compre su propia deuda como lo hace Estados Unidos a través de la Reserva Federal”. Mientras tanto, el artículo de Kotlikoff lleva 3 días en la lista de los más leídos de Bloomberg.
Presentación del librode Laurence Kotlikoff The Coming Generational Storm: What You Need to Know about America’s Economic Future (28 de abril de 2004).
Laurence Kotlikoff no es ningún improvisado. En 2004 publicó The Coming Generational Storm: What You Need to Know about America's Economic Future, un libro en el que afirmaba que el futuro de Estados Unidos sería sombrío si no se realizaban reformas a los sistemas impositivo, de salud y de seguridad social. (Un video con la presentación del libro se muestra al final de este texto.)
Yo no conocía a Kotlikoff y me llamó la atención que llegara a las mismas conclusiones que John Williams, el fundador de Shadow Government Statistics.
El artículo comienza analizando la revisión anual que el Fondo Monetario Internacional (FMI) hace de la política económica de Estados Unidos:
El FMI ha mencionado acertadamente que Estados Unidos está en bancarrota. La Sección 6 del documento de julio de 2010, Selected Issues Paper, dice: “La brecha fiscal de Estados Unidos asociada con su actual política fiscal federal es enorme para tasas de descuento plausibles.” Y agrega que “cerrar la brecha fiscal requiere un ajuste fiscal anual igual al 14% del PIB de Estados Unidos.”
Para cerrar la brecha fiscal, desde el punto de vista de los ingresos, Estados Unidos debería duplicar los impuestos recaudados de manera inmediata. El FMI afirma que, entre más tarde el país en realizar estos ajustes, más dolorosos serán.
Según Kotlikoff, la deuda es enorme, mucho mayor de lo aceptado:
Con base en los datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), he calculado una brecha fiscal de $202 trillones [billones, en la escala corta], que es más de 15 veces la deuda oficial. Esta gigantesca discrepancia entre nuestra deuda "oficial" y nuestro endeudamiento neto no es sorprendente. Refleja lo que los economistas llaman el problema de etiquetado. El Congreso ha sido muy cuidadoso a lo largo de los años en etiquetar la mayoría de sus pasivos como “no oficiales” para mantenerlos fuera de los libros y en un futuro lejano.
Kotlikoff ve el origen del enorme déficit en los beneficios de los baby boomers:
Esto es lo que ocurre cuando se ejecuta de manera masiva un esquema Ponzi a lo largo de seis décadas, tomando recursos cada vez mayores de los jóvenes para dárselos a los viejos al mismo tiempo que se promete a los jóvenes que ellos eventualmente le pasarán la pelota a otra generación.Finalmente, Kotlikoff afirma que la situación fiscal de Estados Unidos es peor que la de Grecia:
Lo más probable es que veamos una combinación de [recortes masivos a los beneficios y la impresión de enormes cantidades de dinero para pagar las cuentas] con un dramático incremento en la pobreza, los impuestos, las tasas de interés y los precios al consumidor. Esto es terrible, lo que sigue es cuesta abajo, pero es en lo que estamos. Y los operadores de bonos nos van a patear más abajo una vez que despierten y se den cuenta que Estados Unidos está en peor forma fiscal que Grecia.
El artículo cierra con una sentencia lapidaria:
Nuestro país está quebrado y no podemos seguir permitiéndonos falsas soluciones.
Además del artículo, Bloomberg publica el video de una entrevista que Erik Schatzker, del programa InsideTrack, le hace a Kotlikoff.
Actualización (13/8/2010): Hoy leo una nota de Joe Weisenthal en Business Insider criticando a Kotlikoff mediante un ingenuo argumento esgrimido por Paul Krugman: “Las entidades en quiebra no pueden pedir dinero prestado con una tasa de interés fija por debajo de 2.8% durante 10 años”. La lluvia de comentarios no se hizo esperar: “Sí, siempre y cuando el deudor no se compre su propia deuda como lo hace Estados Unidos a través de la Reserva Federal”. Mientras tanto, el artículo de Kotlikoff lleva 3 días en la lista de los más leídos de Bloomberg.
Presentación del librode Laurence Kotlikoff The Coming Generational Storm: What You Need to Know about America’s Economic Future (28 de abril de 2004).
viernes, 18 de junio de 2010
Deepwater Horizon: ¿el Katrina de Obama o el Chernóbil de Estados Unidos?
La lentitud con la que el gobierno de Barack Obama ha enfrentado el desastre medioambiental provocado por BP en el Golfo de México, ha hecho que muchos medios comparen su reacción con la del gobierno de George W. Bush ante el huracán Katrina en 2005 (1).
El problema, sin embargo, parece ser más complejo.
En una entrevista reciente con PBS, Carl Safina, presidente y co-fundador del Blue Ocean Institute, declaró:
Otros analistas opinan que esto va más allá de las petroleras.
Hace algunos años Dmitry Orlov escribió un ensayo sobre el inminente colapso económico de Estados Unidos y sus paralelismos con el colapso de la Unión Soviética, en el que afirmaba:
ClubOrlov, un blog en el que se desarrollan las ideas de Orlov, publicó el mes pasado, bajo el título de "An American Chernobyl", un interesante artículo en el que se hace una profunda comparación entre las catástrofes y sus implicaciones:
Pocos días después apareció "Deepwater Chernobyl", una nota del Daily Kos en el mismo sentido:
El derrame, y la actitud de BP ante el mismo, comienzan a provocar daños en la imagen del gobierno: según una encuesta de USA Today/Gallup, el 71% de los estadounidenses piensan que el presidente Obama no ha sido lo suficientemente duro con BP. De acuerdo a la misma encuesta, el 59% de los estadounidenses desean que BP pague todos los daños derivados del derrame petrolero, sin importar si esto implica el fin de sus operaciones.
Mientras tanto, y aunque fuentes del Departamento de Energía se empeñen en calificarlo de locura (2), algunas voces se han alzado para sugerir que, al igual que se hacía en la antigua Unión Soviética para cerrar pozos de gas fuera de control, se emplee ahora una explosión atómica controlada para contener el derrame petrolero (3).
El problema, sin embargo, parece ser más complejo.
En una entrevista reciente con PBS, Carl Safina, presidente y co-fundador del Blue Ocean Institute, declaró:
La gente en el Golfo está diciendo que Katrina va a parecer un mal día comparado con esto […] Yo creo que esto, más que algo como Katrina, es el Chernóbil de las grandes petroleras. Creo que es una catástrofe que muestra el enorme riesgo que esta industria representa para la salud pública, y para la salud de las comunidades.
Otros analistas opinan que esto va más allá de las petroleras.
Hace algunos años Dmitry Orlov escribió un ensayo sobre el inminente colapso económico de Estados Unidos y sus paralelismos con el colapso de la Unión Soviética, en el que afirmaba:
En la Unión Soviética, una vez que esa cosa llamada normalidad se agotó debido al punto muerto en Afganistán, el desastre de Chernóbil, y el estancamiento económico general, se continuó ejecutando a través de una gestión cuidadosa de los medios de comunicación hasta bien entrado el período conocido como glasnost. En los Estados Unidos, al tiempo que la economía no ha logrado crear suficientes puestos de trabajo durante varios años en fila, y toda la economía se inclina hacia la bancarrota, "business as usual" sigue siendo un producto que se vende bien, o eso nos han hecho creer. La normalidad estadounidense alrededor de 2005 parece tan inexpugnable como la normalidad soviética lo parecía alrededor de 1985.
ClubOrlov, un blog en el que se desarrollan las ideas de Orlov, publicó el mes pasado, bajo el título de "An American Chernobyl", un interesante artículo en el que se hace una profunda comparación entre las catástrofes y sus implicaciones:
Las dos catástrofes son análogas en los desafíos técnicos, administrativos y políticos sin precedentes que plantean su reparación […] Traduzca "accidente de trabajo" al ruso y de nuevo al inglés, y lo que se obtiene es "catástrofe tecnogénica". Este término ha sido ampliamente utilizado tras la catástrofe de Chernóbil. Es bastante más descriptivo que la frase flácida en inglés, y coloca la culpa, en última instancia, en quien debe recaer: en la tecnología, y en los tecnólogos y políticos que la empujan.
Pocos días después apareció "Deepwater Chernobyl", una nota del Daily Kos en el mismo sentido:
Parece que hay un paralelismo [entre el desastre nuclear de Chernóbil y] el desastre actual del Deepwater Horizon en que una vez más estamos presenciando que el hombre es capaz de desencadenar fuerzas incontrolables en su búsqueda de energía. Fuerzas contra las que no se tiene un plan de contingencia para hacer frente. Fuerzas capaces de devastar economías, destruyendo los medios de subsistencia y matando la vida silvestre contaminando el medio ambiente hasta tal punto que incluso las personas descubren que tienen de alejarse en vez de sufrir.
El derrame, y la actitud de BP ante el mismo, comienzan a provocar daños en la imagen del gobierno: según una encuesta de USA Today/Gallup, el 71% de los estadounidenses piensan que el presidente Obama no ha sido lo suficientemente duro con BP. De acuerdo a la misma encuesta, el 59% de los estadounidenses desean que BP pague todos los daños derivados del derrame petrolero, sin importar si esto implica el fin de sus operaciones.
Mientras tanto, y aunque fuentes del Departamento de Energía se empeñen en calificarlo de locura (2), algunas voces se han alzado para sugerir que, al igual que se hacía en la antigua Unión Soviética para cerrar pozos de gas fuera de control, se emplee ahora una explosión atómica controlada para contener el derrame petrolero (3).
jueves, 20 de mayo de 2010
El crash del 2010
Hace algunos meses leí en El País un artículo de Santiago Niño Becerra, un catedrático de Estructura Económica en la Facultad de Economía IQS de la Universidad Ramon Llull de Barcelona, que comenzaba así:
Al buscar más información sobre el autor encontré el video de un interesante debate que tuvo con el economista Luis Ayala Cañón en CNN+ en junio de 2009:
Su tesis coincidía, de cierto modo, con otras que he estado leyendo últimamente; de modo que, cuando el fin de semana pasado me topé con su libro en un establecimiento al sur de la ciudad, no dude en adquirirlo.
No pretendo en este post hacer una valoración crítica de la obra de Niño Becerra, puesto que no soy economista y apenas entiendo algunos conceptos básicos (Javier Cantero escribió una reseña crítica que resulta interesante al respecto); simplemente me gustaría resumir algunas de las ideas que el autor presenta en el libro de forma bastante amena, por cierto.
Niño Becerra basa su teoría en la existencia de ciclos económicos de 250 años caracterizados por un determinado modo de producción:
Según Niño Becerra en los últimos 20 siglos hemos vivido 18 crisis sistémicas y la actual, la número 19 (que no sería la última del modo de producción capitalista nacido alrededor de 1820, tras el Congreso de Viena), simplemente sentaría las bases para el nacimiento de un nuevo modo de producción cuando se produzca la próxima crisis, esa sí terminal, alrededor de 2070.
Para argumentar esto, Niño Becerra hace un recorrido por la historia y las diferentes fases del capitalismo (desde la acumulación originaria de capital, hasta la globalización económica, poniendo especial énfasis en la Gran Depresión) concluyendo que el modo de producción capitalista está agotado:
Para Niño Becerra el embrión teórico del nuevo modo de producción podría encontrarse en la Tercera Vía de Anthony Giddens:
Dos afirmaciones hechas en la parte final del libro llamaron mi atención: la primera, sobre el papel de las corporaciones y el fin del Estado:
La segunda, sobre la pocas posibilidades que tiene América Latina de enfrentar esta crisis con éxito:
En uno de sus más reciente artículos, Niño Becerra afirma, con base en los acontecimientos actuales, que la crisis ya ha comenzado. De ser así, el panorama es bastante sombrío:
El mensaje oficial —en todas las economías, en todos los países— en este año que comienza es "Ya ha pasado lo peor; ahora a crecer de nuevo". Finalmente, la mayoría ha admitido que lo vivido en estos dos últimos años ha sido terrible, y lo sucedido en el primer semestre del 2009, lo más duro desde la Gran Depresión. Bien, como explico en mi libro El crash del 2010, lo sucedido es sólo la antesala de lo que está por llegar, lo sucedido ha sido la precrisis de la crisis sistémica que, entiendo, estallará a mediados del año en curso.
Al buscar más información sobre el autor encontré el video de un interesante debate que tuvo con el economista Luis Ayala Cañón en CNN+ en junio de 2009:
Su tesis coincidía, de cierto modo, con otras que he estado leyendo últimamente; de modo que, cuando el fin de semana pasado me topé con su libro en un establecimiento al sur de la ciudad, no dude en adquirirlo.
No pretendo en este post hacer una valoración crítica de la obra de Niño Becerra, puesto que no soy economista y apenas entiendo algunos conceptos básicos (Javier Cantero escribió una reseña crítica que resulta interesante al respecto); simplemente me gustaría resumir algunas de las ideas que el autor presenta en el libro de forma bastante amena, por cierto.
Niño Becerra basa su teoría en la existencia de ciclos económicos de 250 años caracterizados por un determinado modo de producción:
Los sistemas económico-sociales son elementos muy curiosos: con ligerísimas variaciones, todos tienen una duración de 250 años, todos se caracterizan por modos de hacer específicos [...], cada uno es evolución del anterior, en todos se han producido crisis más o menos importantes y crisis que afectan de forma irreversible a la esencia del sistema: las denominadas crisis sistémicas; y todos finalizan con una supercrisis que arrasa todo lo anterior y que sume el presente, durante al menos un par de décadas, en la negrura más absoluta; siempre ha sido así. (pág. 26)
Según Niño Becerra en los últimos 20 siglos hemos vivido 18 crisis sistémicas y la actual, la número 19 (que no sería la última del modo de producción capitalista nacido alrededor de 1820, tras el Congreso de Viena), simplemente sentaría las bases para el nacimiento de un nuevo modo de producción cuando se produzca la próxima crisis, esa sí terminal, alrededor de 2070.
Para argumentar esto, Niño Becerra hace un recorrido por la historia y las diferentes fases del capitalismo (desde la acumulación originaria de capital, hasta la globalización económica, poniendo especial énfasis en la Gran Depresión) concluyendo que el modo de producción capitalista está agotado:
Ahora tendremos que cambiar el modo como deben hacerse las cosas. Es lo que pondrá sobre la mesa la crisis del 2010: que hay que modificar la manera de funcionar porque la antigua se agotó por una razón elemental: es una manera de hacer las cosas absolutamente ineficiente. (pág. 159)
Para Niño Becerra el embrión teórico del nuevo modo de producción podría encontrarse en la Tercera Vía de Anthony Giddens:
Hoy la tendencia apunta hacia la buena administración, hacia el no-desperdicio, hacia lo necesario, hacia la eficiencia, hacia la productividad. Pero eso equivale al fin de ese bienestar sustentado en el desperdicio, por insostenible. (pág. 162)
Dos afirmaciones hechas en la parte final del libro llamaron mi atención: la primera, sobre el papel de las corporaciones y el fin del Estado:
[D]urante los años de crisis la importancia de las corporaciones aumentará aceleradamente consolidando un proceso que ya empezó en los años ochenta; este protagonismo creciente de las corporaciones se producirá a costa del papel del Estado: aquéllas irán desempeñando roles que hoy éstos llevan a cabo; de hecho, el declive del papel del Estado será uno de los signos más significativos de que el sistema político aún vigente está muriendo, al haber evolucionado el Estado hacia una posición cada vez más prescindible. (pág. 129)
La segunda, sobre la pocas posibilidades que tiene América Latina de enfrentar esta crisis con éxito:
Hacia el año 2020, cuando la crisis que seguirá al crash se haya dado oficialmente por acabada, los recursos que poseen los países latinoamericanos que hoy los producen continuarán ahí. La pregunta es si esos Estados habrán tenido la suficiente fuerza de cohesión para continuar existiendo como tales. (pág.179)
En uno de sus más reciente artículos, Niño Becerra afirma, con base en los acontecimientos actuales, que la crisis ya ha comenzado. De ser así, el panorama es bastante sombrío:
La crisis, la verdadera crisis, cuando estalle, a mediados del 2010, será tremenda, paralizante, una auténtica caída a plomo; será deflación, depresión, nada comparable a pasadas recesiones que usted haya vivido. Será algo semejante al sentimiento que se refleja en los rostros de las gentes que muestran las imágenes tomadas durante la Gran Depresión; unos rostros que, si nos hablasen, aunque lo hiciesen con las palabras de los años treinta, en realidad estarían hablándonos con las de mañana. Los de esas gentes son los rostros de una crisis profunda, sistémica, como la que en estos momentos ya está llamando a nuestras puertas. (pág. 186)
viernes, 5 de marzo de 2010
La burbuja inmobiliaria comercial
Desde hace algunos meses sigo las noticias económicas de EEUU con gran avidez. Como la economía mexicana es tan dependiente de la estadounidense, todo lo que ocurre allá se refleja acá más temprano que tarde.
Para algunos analistas, los paquetes de estímulo económico no han hecho más que diferir los efectos de la crisis. La situación es tan frágil, concluyen, que hay una buena cantidad de eventos que podrían desatar la próxima recaída; uno de ellos es, indudablemente, la burbuja inmobiliaria comercial.
Durante años las compañías constructoras levantaron edificios de oficinas, hoteles y centros comerciales con la misma o mayor velocidad con que erigían barrios residenciales. Durante años, también, las ganancias se multiplicaron con cada proyecto. Sin embargo, el exceso de oferta y la recesión han modificado el panorama de forma radical.
Los préstamos hipotecarios con vencimientos entre 2010 y 2014 alcanzan los $1,400 millardos de dólares; la mitad de esos préstamos están "bajo el agua", es decir, el inmueble se ha devaluado por debajo del valor de la hipoteca (1). La morosidad se ha multiplicado por 5 y no se espera que la situación mejore antes de 2012; el sector más golpeado es el hotelero, con un aumento de 1,175% (2).
Las pérdidas podrían llegar a los $300 millardos, y eso no es poco dinero para una banca duramente golpeada por la crisis. La FDIC, entidad encargada de proteger el dinero de los ahorradores en EEUU, tiene una lista de más de 700 bancos en problemas (3).
Los siguientes videos muestran la situación en Washington, DC, y en Nueva York.
Pero los edificios de oficinas, los hoteles y los pequeños comercios no son los únicos desarrollos inmobiliarios en situación difícil: los centros comerciales, modernos templos dedicados a la religión del consumo, también están en problemas. El desempleo, la nueva frugalidad y el recorte en créditos personales los están matando lentamente.
Gallup, una empresa dedicada a investigación de mercado, mide el gasto del consumidor estadounidense diariamente; los resultados de su encuesta son asombrosos: en agosto de 2008 el consumo promedio, tomando en cuenta las últimas 2 semanas, era de $104 USD; en marzo de 2010, había caído a $58 USD (4).
De acuerdo al LEAP/E2020, un think tank europeo de anticipación:
Hace algunos meses, mientras visitaba un centro comercial que está cerca de mi casa en México, me di cuenta que había una docena de locales vacíos. Una cadena siempre se rompe por el eslabón más débil, de modo que, aunque el patrón no se repetía en otros centros comerciales, me pareció que sólo era cuestión de tiempo para que eso ocurriera.
Hoy finalmente descubrí 4 locales vacíos en otro centro comercial cerca de mi trabajo. ¿Será éste el inicio de una situación similar en el país?
Para algunos analistas, los paquetes de estímulo económico no han hecho más que diferir los efectos de la crisis. La situación es tan frágil, concluyen, que hay una buena cantidad de eventos que podrían desatar la próxima recaída; uno de ellos es, indudablemente, la burbuja inmobiliaria comercial.
Durante años las compañías constructoras levantaron edificios de oficinas, hoteles y centros comerciales con la misma o mayor velocidad con que erigían barrios residenciales. Durante años, también, las ganancias se multiplicaron con cada proyecto. Sin embargo, el exceso de oferta y la recesión han modificado el panorama de forma radical.
Los préstamos hipotecarios con vencimientos entre 2010 y 2014 alcanzan los $1,400 millardos de dólares; la mitad de esos préstamos están "bajo el agua", es decir, el inmueble se ha devaluado por debajo del valor de la hipoteca (1). La morosidad se ha multiplicado por 5 y no se espera que la situación mejore antes de 2012; el sector más golpeado es el hotelero, con un aumento de 1,175% (2).
Las pérdidas podrían llegar a los $300 millardos, y eso no es poco dinero para una banca duramente golpeada por la crisis. La FDIC, entidad encargada de proteger el dinero de los ahorradores en EEUU, tiene una lista de más de 700 bancos en problemas (3).
Los siguientes videos muestran la situación en Washington, DC, y en Nueva York.
Pero los edificios de oficinas, los hoteles y los pequeños comercios no son los únicos desarrollos inmobiliarios en situación difícil: los centros comerciales, modernos templos dedicados a la religión del consumo, también están en problemas. El desempleo, la nueva frugalidad y el recorte en créditos personales los están matando lentamente.
Gallup, una empresa dedicada a investigación de mercado, mide el gasto del consumidor estadounidense diariamente; los resultados de su encuesta son asombrosos: en agosto de 2008 el consumo promedio, tomando en cuenta las últimas 2 semanas, era de $104 USD; en marzo de 2010, había caído a $58 USD (4).
De acuerdo al LEAP/E2020, un think tank europeo de anticipación:
El consumidor tal como se lo conocía desde hace varias décadas ha muerto, totalmente, sin esperanzas de resucitar (5).
Hace algunos meses, mientras visitaba un centro comercial que está cerca de mi casa en México, me di cuenta que había una docena de locales vacíos. Una cadena siempre se rompe por el eslabón más débil, de modo que, aunque el patrón no se repetía en otros centros comerciales, me pareció que sólo era cuestión de tiempo para que eso ocurriera.
Hoy finalmente descubrí 4 locales vacíos en otro centro comercial cerca de mi trabajo. ¿Será éste el inicio de una situación similar en el país?
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